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jueves, 21 de agosto de 2014

¿A qué crees que juegas?


Te has preguntado, si la vida fuese un juego, y enamorarse siendo parte de la vida, sería también y desde luego un preciado juego, ¿a qué juegas tú? Imagino que no lo has hecho, y entonces vas por la vida viviendo, soñando con hallar al ser amado, qué: te respetará, que te querrá, que te amará, que te será fiel - es decir, si la fidelidad entendida en el plano amoroso, existe- y envejecerás al lado de él.

Probablemente no lo has hecho, y me temo que no lo harás, y vas por la vida mirando de esa manera risueña a muchos, y muchos de estos quedando cautivos, y muchos de estos quedando con tu recuerdo en la retina, y muchos de estos, con el recuerdo en el corazón.

A mí, me queda no solo la compañía de mis pupilas adornadas con tu imagen, sino también una sonrisa tuya que considero mía. Un abrazo protector y un beso sin que lo hayas pedido con tu melodiosa voz, pero si desde el fondo de tu corazón a través de tus enormes ojos de miel.

Me queda un segundo beso, por la misma razón indicada anteriormente, aun cuando lo negarás, y dirás que no, yo sé que fue así. Lo vi en tu mirada, lo vi en tu sonrisa, y lo sentí en tus abrazos y tu agitado corazón.

Me queda el eco de tu voz, que llegaba como arrullo, como una lanza que refresca con el aire que deja a su paso, pero no daña, porque la dirección era equívoca. Un abrazo que se repite a diario, sobre todo cuando más te recuerdo y me conlleva a cerrar los ojos, y abrirlos en mi mente, cual capullo al retoñar, creyéndose verdadero, absoluto y tuyo.

A qué juegas me pregunto, cuando apareces después de eternidades de ausencia –sí, para mí lo son- quizá para ti son horas o días, no para mí. De ahí que siento, que lo que tú dices sentir, expresar y declarar, solo es una pauta, una guía y una muestra de mi modo de actuar, y tú, tú eres lo que expreso y no cumplo, ese: te quiero y no te puedo olvidar, mientras en una desbordada noche, lo hay podido lograr.

ncb

domingo, 17 de agosto de 2014

Te llevaré en un recuerdo ajeno,
un recuerdo tuyo, un adiós solitario
que me niego a aceptar
y con los días me es difícil evitar.
 
Te llamaré al caer del día
con un tenue pensamiento,
que escapa a mi razón
y obedece al corazón
y en un susurró de su voz
te pedirá tu atención.
Te abrazaré a escondidas
en mis sueños opacos
por la noche de tu partida,
y mis brazos pedirán no dejarte más,
cuando tus ojos
al despertarme de este sueño
los harán que te dejen marchar.

Ncb

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