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jueves, 3 de octubre de 2013

PROVINCIANA


Sabido es que la mujer de provincia se distingue por su singular belleza, aquella que a muchos cautiva con tan solo una mirada. A sus 17 años, el aún no había sido cautivado por mujer alguna.

Una tarde de otoño, de aquellos meses donde en su ciudad hacía frío, él viajó a una provincia cercana, donde el sol parecía haberse quedado de visita permanente, alegrando a sus habitantes con su abrigador calor. En esa tarde aparecieron frente a él, a una mediana distancia; los ojos negros más hermosos que haya visto, acompañados de una sonrisa angelical, un cabello ondulado y andar coqueto.

Ahí nació para él, lo que muchos hablaban de la mujer provinciana, el encanto del cual escuchó, ahora era real, y de ese encanto, él no quería escapar.

Ncb

SU PRIMERA VEZ

Emocionado, contento, algo tembloroso, sonriendo a quien anduvo a su paso, él iba por la calle que lo conduciría directamente a la casa, donde vivía la “ojiverde”. Soñaba con la típica cita en el parque, pero por ahora la casa de ella estaba bien.

4:30 pm, sábado, puntual. Conforme se iba acercando al destino, el nerviosismo se le apoderaba, y disminuía su velocidad. Las piernas hacían ademanes de lesión, él no lo notaba, hasta que ella se lo repitió, y en adelante paso a formar parte de la rutina de los sábados por la tarde.

Él iba recordando en su mente los pocos poemas que a su edad leyó, venían a la mente: puedo escribir los versos más tristes esta noche y volverán a su balcón las oscuras golondrinas – claro era, volverán las oscuras golondrinas en tu balcón – pero no las sabía de memoria.

Habían aún unos metros entre su destino y su ubicación, y ninguno de los poemas antes recordados lo convencía de ser los apropiados para dedicarle -no quería algo triste y ella no tenía balcón- si al caso la oportunidad se daba que la poesía le agradaría a la “ojiverde”.

Llegado el momento, ahí estuvo ella, bella como solo un poeta extraordinario o pintor talentoso la podría retratar. Al menos, así la veía él. Las conversaciones discurrieron entre notas de clases, mejores calificativos de exámenes y posibles carreras a las cuales postular.

En un momento de silencio, cuando él contemplándola, eternidad en sus ojos conoció y recitó:

Si yo buscaba un amor, quién lo sabía
Acaso tú, no lo sé, pero apareciste y creí encontrarlo…

Así era, como para él, sucedía su primera vez en el mudo de la poesía, su primer escrito, su primer poema, su primera imaginación.

ncb

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